Pero no Tengo Idea de lo que Puede Ser
Hoy es para mí un día importantísimo. Tengo ya un pisito de tres habitaciones en Manhattan. Salgo directamente del resucitario. Ahora suelen emplear el término "largarse". Sin embargo, no capto la diferencia entre los dos verbos. Nueva York, que antaño era un vertedero lleno de coches, se ha convertido en un sistema de jardines de múltiples pisos. La luz solar está canalizada: son los llamados soleoductos. Unos niños tan buenos y sin caprichos solamente existían en mis tiempos en los cuentos. En la esquina de mi calle se encuentra la Oficina de Registro de los Candidatos Naturales al Premio Nobel. Al lado existe una galería de arte en la que venden por casi nada unos lienzos auténticos, con toda garantía y los documentos oficiales; hasta obras de Rembrandt y Matisse. En la oficina de mi edificio hay una escuela de pequeñas computadoras neumáticas. De allí sale a veces un silbido y un zumbido. Esas computadoras se utilizan entre otras cosas para disecar a los perros queridos después de su muerte natural. A mí eso se me antoja monstruoso, pero las personas como yo son una minoría insignificante.
Suelo pasear mucho por la capital. Ya sé moverme con rapidez. Eso me ayuda. Me he comprado una chaqueta de color amaranto, con las solapas blancas, y los bolsillos plateados, un lazo amaranto y un cuello dorado. Es la vestimenta menos vistosa de las que ahora suelen llevarse. Puede obtenerse un traje que cambia de corte y de color; unas faldas que se acortan bajo la mirada de un varón o al revés, que se cierran como las floras al anochecer; unas faldas y blusas que enseñan varias cosas, como en una pantalla de televisor, y esas decoraciones que uno desea y cuantas quiera. Se puede criar plantas enanas japonesas en el sombrero, pero afortunadamente también es posible no criarlas y no llevarlas. Yo no llevaré nada colgando de las orejas ni de la nariz. La idea de que esas personas, tan hermosas, altas, simpáticas, amables y tranquilas, sean tan particulares, tan especiales, de que tengan ese algo tan peculiar, eso me sorprende o por lo menos me mueve a pensar. Pero no tengo idea de lo que puede ser.
Traducción: Melitón Bustamante